Orgasmos de colores

03.02.2022

Mi nuevo chico tinder es un pintor talentoso, gracioso, caliente, dulce y guapo. Nos conocemos hace 5 días y 4 noches.  Todas las hemos pasado juntos. Ahora, mientras espero que vuelva de su trabajo para llenarme de besos, les contaré de la tercera noche cuando descubrí que los orgasmos podían ser en colores.


Camilo tiene ascendencia africana. Eso marca sus rasgos fuertes y definidos, labios carnosos y su bien dotada anatomía.  Creció con sus abuelos paternos que lo cuidaron con el celo de las familias antiguas, que viven en barrios antiguos y que lo enviaron a un antiguo colegio donde tuvo de profesor a un reconocido escritor que posibilitó su acceso a la literatura pidiéndole al dueño de la librería cercana que le prestara lo que él le  pidiera con el compromiso de devolver los libros en perfecto estado.

Por ese tiempo ganó un concurso de dibujo y visitó Bellas Artes, comprendiendo de pronto que ese era su lugar.  Así, años más tarde, dejó la carrera de comunicaciones para ir a estudiar a Bellas Artes, iniciando un camino por las artes plásticas, en general, y por las intervenciones artísticas urbanas, en particular, en diversos formatos que van desde la producción de stickers a murales de gran factura, todo con mucho talento.

Todo esto lo sé porque entre sesión y sesión de sexo duro hablamos, hablamos mucho: hablamos de la vida, de los hijos, del trabajo, de arte, de libros, de cine y de nosotros. No se cómo ni por qué, pero luego de la primera noche donde nos olimos como perros que se reconocen de otras vidas, se instaló un nosotros que existe en el aquí y ahora, en la burbuja de tiempo de estas 4 noches (pronto 5) hasta que toque despedirse en unos pocos días más.  Esa burbuja se llama nosotros y está llena de risas, besos, ternura, pasión y lujuria de la buena.

Camilo me advirtió cuando hicimos match, con mucha vehemencia, que no buscaba el amor en tinder.  Le dije que estaba de paso, que era imposible para mí, por lo tanto, buscar una relación donde no había un espacio-tiempo que lo permitiera, pero, más aún, yo no quería una relación de compromiso en ninguna dimensión del espacio-tiempo.  También le dije que pensaba que los mayores de 40 años probablemente ya habíamos conocido al amor de nuestra vida y que eso había durado lo que había durado, dándonos una perspectiva de la vida y las relaciones diferente.  Pero, agregué, la vida te da sorpresas (como dice Rubencito) y yo iba sin expectativas, pero sin planes prefijados al encuentro del otro.

Esa información, sin embargo, me puso en guardia respecto a los movimientos que él haría una vez que nos conociéramos.  Pensé que la traducción de su advertencia era que buscaba sexo de una noche.  Lo entendí de esa forma y bajo esa realidad es que fui a su encuentro el domingo pasado.  Por eso, cuando le susurré si quería pasar la segunda noche conmigo en el lugar donde yo me quedaba y él respondió que sí, sin pensarlo, aún tenía escepticismo respecto a qué pasaría después de ese lunes. A pesar de que la noche había sido magnífica, a pesar que habíamos hecho cosas que una no suele hacer en la primera cita, a pesar que él mostró un interés para nada acorde a su advertencia de la primera conversación, a pesar que el susurro se lo hice en la oreja mientras nos abrazábamos desnudos descansando de la enésima vez que nos cogíamos cuando ya los pájaros del amanecer me advertían que me tocaría hacer la indigna caminata de la vergüenza esa mañana calurosa en Lima, la horrible.

Lo esperé en el mini-departamento alquilado perfumada y alborotada.  Cantaba mientras me duchaba, reía sola mientras me maquillaba, bailaba mientras me probaba la sencilla ropa que iba a usar para ir a cenar a un restaurancito caleta del bohemio barrio donde me alojaba.  En un momento me miré al espejo y me dije a mí misma "toda esta felicidad por una verga, en serio??" y la señora puta me miró desde el espejo y respondió "Sí, pero qué verga!!" y me reí a carcajadas de mí misma, como solo puede reírse una cuando no le debe nada a nadie.

Esa noche retomamos una conversación iniciada la noche anterior sobre drogas y psicodelia.  Me habló del LSD y exclamé "sexo y LSD, rico" me miró con la mirada de incredulidad que me había dado decenas de veces desde que le dije que no me ahorcara antes de tiempo, y que a esas alturas me divertía cada vez más.  "Puedo conseguir para mañana en la noche, claro si tu quieres" dijo, le dije al pasar que sí, que sería interesante y lo distraje con un amago sexual que nos hizo pasar a otra cosa.

La tarde siguiente entró un mensaje a mi whatsapp donde mi moreno me saludaba cariñoso y me preguntaba a qué hora podía llegar.  Mientras le respondía entró un segundo mensaje que decía "tengo el LSD, solo si quieres.  Sé que no lo acordamos del todo ayer, pero por si acaso lo llevo.  No te sientas obligada a nada". Puse un emoji sin gestos mientras pensaba si quería drogarme esa noche con mi reciente match de flamantes 48 horas. Sí, quiero, quiero todo, pensé.  "Me interesa mucho" teclee con dedos apurados.  Los corazones aparecieron en la pantalla con tanto entusiasmo que me reí nuevamente, como había hecho todo el día.

Pensé que en últimas me podía arrepentir, así que lo esperé tranquila.  Había comprado unas cervezas pues habíamos quedado de ver una peli.  Ya mucho sexo, le dije, hay que descansar.  No sabía lo que me esperaba.  Llegó puntual y abrimos unas cervezas mientras hablábamos de nuestro día como si fuéramos una pareja que se conoce hace años. En eso me mostró las estampillas que traían la psicodelia de la noche.  "Me asusta que sea mucho" le dije, "bueno, comamos solo la mitad"respondió, y se dispuso a buscar con qué cortar el diminuto cartón con un estampado de Alicia en el país de las maravillas: todo un cliché.

La droga me adormeció la lengua mientras se disolvía lentamente. Camilo se movía por el cuarto sobre-exitado, contento, expectante.  Le serví algo de comida y luego salimos a caminar para esperar el efecto que iniciara nuestro viaje.  Caminamos de la mano por el barrio iluminado y lleno de gente, dando la vuelta por las calles aledañas hasta llegar a una calle donde yo tenía uno de los primeros recuerdos de mi vida en esa ciudad, una vida antigua que ya no existe y que vive en solo en la memoria.  Me dijo que me haría una foto en el umbral para rememorar y conmemorar.  Acepté sonriendo y su experto ojo de artista me tomó una de las mejores fotos de mis últimos años. Seguimos caminando hacia el depa, cada vez más afectados de la droga, sudorosos, verborreicos y divertidos.

Entramos y mi chico tinder ya me ponía las manos encima, buscando mi cuerpo y mi boca con la suya, con una urgencia motivada esta vez por la exacerbación de la experiencia sensorial.  me entregué al momento caliente y embebida por los efectos que Alicia hacía en mi, cuando entró un mensaje de mi mamá "ya tienes los resultados?" preguntaba.  Por la mañana de ese día yo había acudido a un laboratorio a hacerme el pcr de viaje necesario para emprender el regreso 36 horas después.  Por ello, esta era la noche de la despedida y el viaje sexual y psicodélico tenía ese marco contextual.

Me despegué de mi chico y le pedí dos minutos para revisar el resultado del laboratorio, con la cabeza nublada por las luces psicodélicas que ya empezaban a inundar todo lo que veía.  Logré encontrar la página y abrir el pdf con el resultado que me dio la gran noticia: Covid detectado.  Me quedé helada.

"Soy positiva, no me puedo ir" le dije mientras él caminaba feliz tomando una cerveza por la habitación. De pronto reaccionó y vino a abrazarme: "No te preocupes, me dijo, yo te cuido, vienes a mi casa" yo lo miraba sin palabras mientras mi cabeza pensaba 100 cosas a la vez, con la fuga de pensamiento propia de la droga que copaba mis sentidos y mi razón.

"Te voy a contagiar, te vas a enfermar" le dije, "No, dijo él, soy inmune" lo atribuí al estado alterado de conciencia y le insistí, me dijo que me olvidara, que el me iba a cuidar, que no me preocupara.  Escribí un mensaje corto para anunciar el resultado a mi hija.  Le dije que estuviera tranquila, que todo iba a estar bien (le mentí, pues en realidad no lo sabía) y dejé el teléfono sobre la mesa dispuesta a dejar el problema para mañana.  El mañana en que yo volvería a ser yo y que podría resolver los problemas como siempre sin drogas que me impidieran tomar decisiones con propiedad.

Camilo volvió a abrazarme mientras me susurraba que todo iba a estar bien, que estaba sana, que era la más linda, la más sexi, la mejor de todas las señoras, besándome la boca, la cara, el cuello y los hoyuelos de las mejillas (margaritas) que lo obsesionaron desde entonces y hasta hoy día. Me dejé llevar, era imposible no hacerlo invadida de sensaciones por la realidad aumentada del LSD.

Comenzamos a coger y de pronto la psicodelia de la droga me hizo entrar en un carrusel sexual alucinado, donde el placer era una ola que no acababa nunca, donde cada embestida tenía un color y forma diferente que podía ver cerrando los ojos y dejando que mi mente me llevara por caminos inexplorados del sexo en ácido. No sé cuánto tiempo estuvimos así, no sé cuanto tiempo duró el placer sexual más intenso de mi vida.  Cuando nos dimos un descanso empecé una larga perorata acerca de las características exacerbadas del sexo bajo la influencia de la droga psicodélica.  Camilo me escuchó paciente y dijo "Sí, es muy bacán tirar en LSD".  Reí con ganas de la simplificación abrazándolo para empezar de nuevo.  Cuando parecía que el efecto ya se iba atenuando y volvía a ser la de siempre, el trip me agarraba a las voladas subiendo de nuevo al carrusel sensorial, intensa y lúcida, sudando y cogiendo, riendo y con ganas de llorar.

"No, no- dijo Camilo- estamos en LSD así que no vamos a pensar en nada triste, nada, nada. Aleja eso, deja que se vaya" miré a mi maestro: aprendiendo y obedeciendo. Dejé los malos pensamientos pasar, como quien deja pasar una micro. Les hice adios en mi mente con la mano y me dispuse a disfrutar intensa y drogada, dándole espacio a esa mujer que podría ser: una que suelta, no se aferra, deja ser, que prefiere ser feliz, que acepta la realidad como es, sin resistir y sin sufrir.

La noche siguiente dormimos temprano.  El cansancio de tres días de excesos nos había pasado la cuenta.  Nos acomodamos cómplices luego de un polvo mas tranqui, pero lindo.  En medio de la noche de locura ácida yo había descuidado la profilaxis y al día siguiente me tocó comprar una píldora del día siguiente.  Como en los viejos y adolescentes tiempos.  Con ternura Camilo me abrazó y cuidó en medio del mareo y malestar propio de los efectos secundarios de la contracepción de emergencia. Le serví café por la mañana "te extrañaré cuando me vaya" le dije.  Asintió diciendo "yo también linda".


Al oler la mañana
Una frase ingeniosa
Los minutos son oro como arena en la sábana
Y tomar esa casa
Y comer en la cama
Un café con helado que he mojado en tu espalda

Yo me pongo contento
Ya no nos levantamos
Y te aprieto en mi pecho
Con toda mi alma
Moriría mañana
Moriría pegado
Completamente drogado













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