¿Soy la peor feminista del mundo?
Hoy es 8 de marzo y, usualmente, estaría marchando. Sin embargo, llevo horas luchando contra una feroz resaca y esperando que las diosas feministas me perdonen pues iré a la marcha de mañana en mi ciudad. Mientras, le doy vueltas y vueltas en mi cabeza a la noche de ayer y a Luciano, el protagonista. Sí, again.
Y no es que el título tenga que ver con la ausencia en las actividades de hoy, sino con esta suerte de enamoramiento que va y viene y me hace sentir de 17 años, invadida de hormonas, mariposas y toda la cursilería que usualmente va junto con ello.
Luciano y yo somos solo amigos desde hace un tiempo (Si no te acuerdas de Luciano o eres nueva en mi blog puedes ver Imposible que no pasara: cuando me enganché al chico tinder.) Él me contó que estaba saliendo con alguien, que la cosa era seria y yo, que trato de ser coherente, dije "ok, hasta aquí no más", pero seguimos hablando, compartiendo a distancia nuestras tribulaciones, cómplices y cercanos. Hace un par de meses una horrible experiencia con un señor Tinder (que me llevó a cerrar la cuenta, pero esa historia se las contaré luego) me puso en un momento de soledad y desconcierto donde nuestra amistad se puso a prueba. Le mandé un mensaje SOS en medio de la noche. En menos de veinte minutos Luciano había llegado al rescate, todo abrazos, todo confiable, todo soluciones. Me acompañó cariñoso, me ayudó y dejó en casa sana y salva. Una nueva etapa comenzó ese día entre él y yo. Podíamos vernos sin necesidad de discutir, éramos amigos, nos queríamos sin drama - como se quieren los amigos- podíamos bromear y relajarnos.
Dejé de escribirle en cualquier momento, temerosa de interrumpirlo con su nueva pareja. Comencé a sanarme del dolorcito sordo que se me había instalado en un rinconcito del corazón. Me fui de viaje con mi hija y su papá durante el verano (y como esa no es una historia Tinder no la contaremos aquí, pero valga señalar que allí también todo ha ido ordenándose bonito) y en la medida que el tiempo pasó logré ir acomodando a Luciano en un nuevo lugar, donde pudiera seguir en mi vida sin doler.
En eso estábamos cuando él me propuso un proyecto, un proyecto novedoso que me encantó y que vino a reafirmar nuestra amistad: ahora trabajaríamos juntos, a ese nivel de confianza y cariño habíamos llegado. Un año después de nuestra primera cita habíamos logrado consolidar una relación más profunda y que se podía cultivar en el tiempo. No les niego señoras que a mi el chico seguía gustándome, pero me relajé sintiendo que la intensidad iba menguando poco a poco y que estaba más cómoda en este reinventado lugar. Así que cuando ayer quedamos en juntarnos a trabajar salí de la ducha, me miré al espejo, me encontré más fea de lo normal y me dije "qué chucha! No estoy tratando de conquistar a Luciano" y no me peiné, ni maquillé, me puse lo primero que encontré en el closet y bajé a recibirlo sin aspavientos de coqueteo innecesario.
Las horas pasaron rápido igual que las botellas de vino. Una, dos, tres, cuatro en cinco horas de charla, música y risa. Como siempre me sentí bien, como nunca me sentí relajada. Disfrutando de la charla de este chico tierno e inteligente, sintiendo como de vez en cuando me quedaba mirándolo con ojos de cervatillo triste y tratando de corregir la mirada patética que se me quería escapar desde el fondo de mi formación en el amor romántico. De pronto, en medio de la ebriedad de la cuarta botella, La Conversación, la temida conversación sobre el nosotros. Y yo, ebria como estaba, le dije una estupidez. Le dije que él se había buscado probablemente una mujer más joven, bonita y tonta para alimentar su ego. Verán, yo a la señorita en cuestión no la he visto en pelea de perros, no se quién es ni cómo se llama. Entonces esta conclusión era puro veneno mío dispuesto para defenderme de un ataque imaginario pues él ha sido muy honesto conmigo todo el tiempo.
Decir tamaña brutalidad y arrepentirme fue casi un solo acto, pero ya habían salido ponzoñosas las sucias palabras de mi boca y Luciano, digno, se molestó. Que se iba, que si quería un cv de la chica para respetarla, que cómo era posible. Perdón, perdón atiné a murmurar. Me levanté del extremo de la mesa y me acerqué a abrazarlo y disculparme de nuevo. "Es mi orgullo, hablo por la herida, tú nunca me mentiste" le dije con sinceridad. Te quiero mucho Luciano, le dije mientras lo abrazaba. Él me miró, me devolvió el abrazo, me volvió a mirar, se le calleron un par de lágrimas que sequé con mis dedos, me murmuró algo que no entendí y me besó en la boca.
"Ven- me dijo- hablemos acá" mientras tomaba mi mano y me llevaba al sofá. Hablamos, me abrazó, le pregunté qué pasaba con su novia, me dijo que estaba en crisis con ella, pues no aceptaba que él estuviera mirando una nueva oportunidad laboral fuera de la ciudad. Que suponía que se iba a terminar. Que en realidad no sabía que iba a pasar. Y aquí señoras, la adolescencia. Sentirlo cerca, tocándome, diciéndome "te adoro", dándome besitos huérfanos por la cara y el cuello... la sororidad se me fue no se a dónde y le rogué que se quedara a dormir.
A la mañana siguiente, mientras esperaba su uber le dije al pasar "espero que lo que pasó anoche no eche por la borda nuestros proyectos ni lo bien que nos estábamos llevando" ok, respondió. Me dió un beso en la boca al despedirse.
Arrastré mi humanidad de vuelta a la cama con un punzante dolor de cabeza que no me dejaba pensar. Desde entonces llevo tratando de reflexionar cómo haremos de acá en adelante ¿seguimos con la amistad que tan bien nos estaba saliendo y olvidamos la noche de caricias, besos y palabras de amor dichas en medio de la borrachera? ¿espero a ver si termina con la otra chica y le propongo que nos dejemos de tonterías, que ya estamos grandes, y tengamos una relación bajo nuestros propios códigos, pero con la exclusividad que él necesita? ¿puedo ofrecerle a Luciano la relación que él necesita, complicada como soy y como es mi vida (con hija y mil responsabilidades a cuesta)? ¿podemos ir conociéndonos mejor mientras vamos averiguando qué nos acomoda? ¿serán verdad las palabras ebrias pronunciadas en medio de las caricias y besos que iban y venían entre mi cuerpo y el suyo? ¿y si me propone amistad con ventaja mientras sigue con su chica, podré yo aceptar esta situación con un hombre que me importa de verdad?
"Lo único que tengo claro Luciano es que te quiero en mi mapa, por favor, quédate" le dije mientras lo abrazaba y él se iba quedando dormido. Alcanzó a decirme que también me quería en el suyo. Por supuesto les dejo la canción.
