¿Se puede encontrar el amor en Tinder?

Mientras escribo esta pregunta un escalofrío de negación me recorre la espalda. ¿Cómo pasamos de la búsqueda de placer y la vivencia de la aventura a los mensajes románticos, los lugares comunes, las miraditas eternas y la sensación de emoción que me embarga cada mañana cuando me acuerdo de cierto señor Tinder que se está robando mi corazón? No tengo respuestas, vivo el día a día sin más explicación que la simple maravilla de la experiencia humana.
Una de las 3 personas de mi vida está pasando por los peores momentos de su existencia en este mundo. El horror que me contagia y me tiene en vilo cada día, a cada llamada del teléfono, con una angustia que no se compara a nada, es un contraste absurdo con el tumulto de emociones que me inundan y el golpeteo feliz del corazón que se activa cada vez que un mensaje de Jose entra a mi celu.
Vivo este romance en medio del tiempo robado al trabajo, a los cuidados que mi familiar necesita, a la compañía a mi hija. En una cadena de mensajes durante el día para calmar la ansiedad y matizar una conversación interminable que empezó hace un mes y que no se ha detenido desde entonces. Por esos días yo disfrutaba de mis pocas vacaciones sin mí enana parlante que se había ido fuera del país por 4 semanas. 4 preciosas semanas para inaugurar, a punta de polvos, el nuevo departamento que alquilamos para las dos en la capital de la ciudad. En este eterno retorno donde de nuevo estoy de mamá debo aprovechar los momentos en que mí chaperona no duerme en casa para estos fines lúdicos.
Decidí volver del campo para cumplir mi cometido y estrenar cada habitación del pequeño depa como corresponde antes del regreso de mi hija, cuando una conversa que había empezado medio desintegrada agarró vuelo. El señor Tinder era músico (check) y docente universitario (otro check) lo que lo hacían suficientemente interesante como para dedicarle el tiempo que necesita el beneficio de la duda.
Esa tarde conversamos de esta vida y la otra, con una cantidad de coincidencias que me maravillaba, pero me hacía recordar inevitablemente al encuentro mágico -y el devenir no tanto- con ex marido. Las coincidencias no solo eran de fondo: Jose es de la misma nacionalidad que ex marido, lo que me puso en alerta ¿no estaré haciendo una transferencia con este barbón ñoño?
Pero las coincidencias eran de naturaleza diferente, Coincidencias de este tiempo, adulto y maduro, marcadas por la auto-consciencia entrenada por la migración, la maternidad/paternidad, la ñoñería, el amor por la música, en fin, una suma diferente en su naturaleza y, probablemente, mucho más coincidente que lo vivenciado hace 21 años.
Con todo, la situación empezó a llamarme la atención cuando los mensajes no se hicieron más espaciados luego del primer revolcón (que suele traer una baja en la frecuencia y calidad de la comunicación de los señores tinder que calman su ansiedad después del primer polvo). La conversación siguió con más entusiasmo y con señales cruzadas que no terminaba de entender dada la naturaleza reservada y cauta de Jose.
Se trata de un tipo inteligente (me corrijo: muy inteligente) que ha vivido nómade en varios países de este y el otro lado del charco. Estudioso, músico y lector, un bagaje cultural exquisito que me sorprendió dada su falta de aires de grandeza y una sencillez rayando en la austeridad. Pero yo ya no estaba en la misma ciudad y dejamos de vernos por unos días. Y allí la sorpresa, empecé a tener ganas de verle, ganas insensatas de ver a alguien que acababa de aparecer en mi vida y que no daba muestras claras de desear lo mismo.
Trate de llevarlo a mi territorio de modo de azuzarle la ansiedad y que me propusiera una cita cuando volviera a la ciudad. Esto porque los señores Tinder suelen ser animales asustadizos que se espantan si sienten que una se está acercando mucho a su metro cuadrado y prefería no tomar yo la delantera. Pero no me funcionó. El sexting que yo iba enhebrando se estrellaba no con su falta de interés, sino la imposibilidad de contagiarlo de la práctica. Termine preguntando, humillada, si quería que nos volviéramos a ver.
La respuesta fue automática y positiva. Desde allí él tomó un aire más entusiasta y mucho más cariñoso. El cambio me impactó, pero decidí vivirlo sin darle mayor vuelta en la cabeza. Con una conversación cada vez más cercana empecé a preguntarme si no estaría yendo muy rápido. Esa misma tarde, fue él quien planteó su sorpresa por la forma tan fluida y automática de nuestro entendimiento. Me dijo que tenía muchas ganas de verme y yo me llené de mariposas absurdas, tardías y vergonzosas en la guata.
La ansiedad lo trajo a mi depa el mismo día de mi llegada. La presencia de mi hija hacía imposible algo más que una conversación casta y besitos y abrazos en el sofá (de 14 años me sentí). De pronto la sensación de normalidad fue tan clara que tuve que comentar cómo me estaba sintiendo, y el temor que eso conlleva. Jose, desde su impecable racionalidad, tradujo mi desvarío de modo simple "Me estas preguntando si hay agua en la piscina, yo te aseguro que está llena" concluyó.
Al largo abrazo que le siguió a esta conversación le sobrevino el silencio, y nos quedamos simplemente mirando algo en la tele, abrazados y contentos. Viviendo en el momento presente "que sea eterno mientras dure" me dijo citando a Vinicius de Moraes. Asentí con un suspiro sin dejar de anotar en mi cabeza que la situación era surrealista, hermosa e intensa de una forma inusual, rara, cómo si de pronto conocer a alguien e irse enamorando hubiese vuelto a ser normal, sin excusas, sin rollos, sin falsas distancias ¿Será que encontré un novio que no andaba buscando?
Recostada en su regazo el me hacía cariño en los brazos, hombros y de pronto se detuvo en los rollos de mi abultado abdomen. El gesto automático de retirarle la mano lo dejó sorprendido "no me agarres la guata" le dije "me da vergüenza". Con la misma cara de sorpresa murmuró "pero a mi me gusta". Reí por dentro con incredulidad y la sensación de estar siendo embaucada (una vez más) por palabras dichas por pura conveniencia. "No, no te gusta" afirmé con suavidad, pero convencida. El se carcajeó de buena gana preguntando "¿ah, no me gusta?" y yo reafirmé "No, no te gusta".
Seguimos viendo la tele y de pronto Jose me soltó una explicación de una lógica impecable, señalando que si acaso yo había olvidado que ya habíamos tenido sexo, que me había visto desnuda y que, obviamente, había visto dicha parte de mi anatomía. Respondí que sí, que claro que me acordaba, pero que esperaba que no se hubiera fijado tanto. Se rio nuevamente y me explicó con paciencia que yo le gustaba y mucho, mucho más de lo que el esperaría, pero que estaba dejándose sorprender por la vida por este encuentro alucinante que lo tenía el día pensando en mi, que no entendía claramente qué hacia yo con él, pero que le parecía no solo una mujer inteligente y talentosa sino atractiva y que, para este caso, esa era la única opinión que importaba a la hora de juzgar si le gustaba o no tocar mi panza. "Me gustas entera" me dijo "no solo algunas partes, me gustas toda tu" y yo morí un ratito con esas palabras mientras trataba de acomodar mi cerebro al discurso de aceptación del tamaño del mundo que me iban enjuagando el auto-odio acumulado en décadas, palabras que ni siquiera ex marido había sido capaz de expresar nunca.
Hemos seguido viéndonos, hablando, bebiendo, cogiendo todo lo posible en medio de los ratos robados a la realidad. Sorprendidos y felices, sin necesidad de más definición que la exclusividad (que el me explicó era automática cuando uno tenía interés sincero) que yo acepté porque, como el dijo con justa razón, no tengo ganas de ver a nadie más.
Y que sea eterno mientras dure.
Como siempre, les dejo el poema
De todo, a mi amor estaré atento
Antes, y con tanto celo, y siempre, y tanto
Que aún ante el mayor encanto
Mi pensamiento está más encantado por él
Quiero vivirlo en cada momento vano
Y en tu alabanza difundiré mi canción
Y reír mi risa y derramar mis lágrimas
Tu pena o tu alegría
Y así, cuando después me busques
Quién conoce la muerte, angustia de los que viven
Quién conoce la soledad, fin de los que aman
Puedo decirme del amor (que tuve)
Que no sea inmortal, ya que es llama
pero que sea infinito mientras dure